
Al anochecer no importa, si doblo la esquina y no miro a los lados, hoy la suerte me acompaña. Puedo vagar a mi antojo, escribir lo que quiera, desear y sentir e ilusionarme. Hoy puedo ser feliz y atreverme a soñar y anhelar. Porque sé que todo acabará en una sonrisa, si la suerte me acompaña. A nada tengo miedo, ni al dolor, ni al sufrimiento ni a la propia vida, se que no moriré porque la suerte me acompaña. Ilusionada en un segundo si desborda mi alegría, si mis llagas ya no escuecen y se escurren como el agua que asoma tímidamente por mis mejillas. Puedo saludarlas con una risa, ya que la suerte me acompaña. Ni soledad, ni frío, ni noches enteras vacías. Ella me acompaña, ella por mi recita, por mi respira si mis pulmones la necesitan, bombea mi sangre y calma mi retina: la suerte me acompaña bajo la forma de un trébol de cuatro hojas.
[ Para ti, mi trebol de cuatro hojas, que tienes el don de hacer que mi mente sólo sea capaz de amar. ]
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